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Aecht Schlenkerla Rauchbier Märzen: el humo de haya de Bamberg

Por Juan Antonio

Aecht Schlenkerla Rauchbier Märzen: el humo de haya de Bamberg

Ficha de cata

Intensidad

Intensa
Zona / región
Bamberg, Franconia, Baviera
Estilo
Lager
Productor
Brauerei Heller-Trum
Estilo
Rauchbier de Bamberg, märzen ahumada (BJCP 6B)
Graduación
5,1 % vol.
Densidad
13,5 grados Plato
Amargor
La cervecería cifra el amargor en 30, sin especificar la escala IBU. La horquilla del estilo son 20-30 IBU
Malta
De elaboración propia, germinada unos seis días en las bodegas de roca y secada con fuego de leña de haya
Lúpulo
Lúpulo noble, sin variedad especificada por el fabricante
Fermentación
Baja
Temperatura de servicio
Entre 7 y 8 °C
Vaso
Seidla de medio litro, con un cuarto del vaso de espuma
Formato
Botella de 50 cl
Precio en España
3,05-3,20 € la botella de 50 cl (consultado en octubre de 2026)
Dónde encontrarla
Tiendas especializadas online: Cervezas Diferentes y Mundo de Cervezas. En Mercabeer, por caja de 20. No verificada en gran distribución
Cervecería
Casa documentada en 1405; apodo Schlenkerla desde 1875

Notas de cata

Vista

Muy oscura, de un castaño casi negro con destellos cobrizos, coronada por una espuma cremosa de tono tostado.

Aroma

Ahumado recién hecho, el de la leña de haya, con un recuerdo a carne asada y un fondo herbal. Nada de turba ni de dulzor artificial.

Boca

El humo entra pronto pero no arrasa: se apoya en un fondo herbal y especiado, con cuerpo medio y un final algo seco y amargo que la deja sorprendentemente bebible.

Marida con

La cocina de Franconia lleva siglos ajustándose a esta cerveza, así que ahí no hay que inventar nada. La propia cervecería propone el Leberkäse caliente con panecillo de alcaravea, el Preßsack, la carne ahumada con queso Handkäse y la Bratwurst con chucrut, y los cuatro comparten la misma lógica: grasa, sal y algo de acidez frente al humo. Traducido a una mesa de aquí, funciona de maravilla con una panceta asada de corteza crujiente o con unos chorizos a la brasa. Lo que no aguanta es un plato delicado: un pescado blanco al vapor desaparece debajo del humo sin dejar rastro.

Una de las dos únicas cervecerías del mundo que todavía seca su propia malta con fuego de leña de haya. El resultado huele a ahumado recién hecho y no se parece a nada.

Hay cervezas que se explican con una lista de ingredientes y otras que se explican con un proceso. Esta es del segundo tipo, y el proceso ocurre debajo del propio edificio: en las bodegas excavadas en la roca bajo la cervecería, Heller-Trum remoja y germina su cebada durante unos seis días y después la seca con fuego de leña de haya. No es un aroma añadido ni un extracto; el humo entra en el grano durante el secado. Según la propia casa, solo quedan dos cervecerías en el mundo que malteen así, y las dos están en Bamberg: esta y la Spezial.

La casa está documentada en 1405 como Haus zum Blauen Löwen, y el apodo Schlenkerla viene de Andreas Graser, que la llevó a partir de 1875; sobre el origen exacto del mote circulan al menos dos versiones y la cervecería recoge las dos sin decidirse. La Märzen no es una estacional, a diferencia de lo que el nombre sugiere: es la referencia de todo el año, y en la taberna de Bamberg se sirve directamente del barril de roble.

Los números son los de una lager normal y eso es parte de la gracia: 5,1 % vol. y 13,5 grados Plato, con una amargura que la web cifra en 30 sin usar la escala IBU, y baja fermentación. Nada en la ficha anticipa lo que pasa al olerla.

Porque lo que pasa al olerla es que huele a ahumado recién hecho. La cervecería lo describe literalmente así, como el aroma de algo ahumado fresco, y es una descripción honesta: no es el humo de turba del whisky escocés ni el dulzor de un ahumado industrial, sino algo más cercano al jamón asado o a una chimenea de leña encendida. El color es muy oscuro, y la espuma, cremosa y tostada.

En boca la sorpresa es que el humo no arrasa. Hay un fondo herbal y especiado, el cuerpo es medio y la cerveza resulta, en la expresión que usa la propia casa, enormemente bebible. El humo se integra y el final se queda algo seco y amargo, de manera que el segundo trago apetece mucho más de lo que uno habría apostado tras el primer olfateo.

Es la cerveza más desconcertante de esta selección y conviene avisar: a mucha gente le choca el primer sorbo. El consejo que da la propia cervecería ayuda bastante, porque está pensado justo para eso: servirla entre 7 y 8 grados en un Seidla de medio litro, dejando un cuarto del vaso de espuma. Y no juzgarla por el primer trago, sino por el tercero.