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Albariño de Rías Baixas: el blanco atlántico que no necesita 20 euros

Por Juan Antonio

Albariño de Rías Baixas: el blanco atlántico que no necesita 20 euros

Ficha de cata

Intensidad

Media
Zona / región
Rías Baixas
Estilo
Blanco
Variedades
100 % albariño en la mención «Rías Baixas Albariño». En las menciones de subzona, mínimo 70 % entre albariño, loureira, treixadura o caíño blanco
Grado alcohólico mínimo
11,30 % vol. adquirido para Rías Baixas Albariño; 11,00 % vol. para el resto de blancos y 11,50 % vol. para «barrica»
Acidez total mínima
3,5 g/l expresada en ácido tartárico
Rendimiento máximo
12.000 kg/ha de albariño (84 hl/ha) y 70 litros de vino por cada 100 kg de uva
Subzonas
Val do Salnés, O Rosal, Condado do Tea, Soutomaior y Ribeira do Ulla
Crianza
El albariño joven no exige madera; la estancia en envases de hasta 600 litros obliga a etiquetar como «Rías Baixas barrica» indicando el tiempo
Precio en tienda
Entre 10 y 14 € la botella de 75 cl en comercio español

Notas de cata

Vista

Amarillo pajizo con tonos verdosos o dorados, limpio y brillante.

Aroma

Intensidad media-alta con la manzana por delante y, detrás, cítricos y flores blancas. En los vinos criados sobre lías finas asoman la fruta de hueso y un recuerdo salino.

Boca

Acidez viva pero integrada, untuosidad media y buena estructura para un blanco joven. Posgusto floral y frutal, de persistencia media.

Marida con

Pide unas zamburiñas a la plancha con su jugo y unas gotas de limón: la acidez del albariño las limpia y hace que sepan a mar en lugar de a mantequilla. Funciona igual de bien con una empanada de xoubas recién salida del horno, cuando la masa está templada y el sofrito pide algo que corte la grasa. Y si la cena es más seria, un rodaballo al horno con cachelos lo aguanta sin esfuerzo. Lo que no conviene es ponerlo delante de un guiso cargado de pimentón picante: ahí el vino se queda corto y pierde todo lo floral que tiene.

Qué exige realmente la etiqueta «Rías Baixas Albariño», en qué se nota el paso sobre lías y por qué en la horquilla de 10 a 14 euros se bebe tan bien en esta denominación.

Rías Baixas no es una zona, son cinco: Val do Salnés, O Rosal, Condado do Tea, Soutomaior y Ribeira do Ulla, repartidas por Pontevedra y el sur de A Coruña, en un terreno que raras veces pasa de los 300 metros y siempre cerca del agua, asociado a los tramos bajos del Ulla, el Umia, el Oitavén o el Miño. El clima es atlántico de libro: temperaturas suaves, entre 10 y 25 grados, oscilaciones térmicas cortas y mucha lluvia. En ese paisaje el albariño no es una variedad más, es casi la única: según el pliego de condiciones, en las últimas vendimias supuso más del 96 % de toda la uva recogida en la denominación.

La etiqueta dice más de lo que parece. Para poner «Rías Baixas Albariño» hay que elaborar con 100 % de albariño, y eso puede hacerse en cualquier punto de la denominación. Cuando en cambio aparece el nombre de una subzona —«Rías Baixas Salnés», «Rías Baixas Rosal», «Rías Baixas Condado do Tea»— la uva y la elaboración tienen que ser de ella, y el pliego solo exige un 70 % mínimo entre las variedades propias de esa subzona: albariño, loureira, treixadura o caíño blanco según el caso. Son dos vinos distintos aunque se parezcan en la copa: uno habla de variedad, el otro de sitio.

La elaboración del albariño joven es sencilla y poco intervenida. Estrujado y prensado de la uva, desfangado del mosto y fermentación controlada hasta agotar los azúcares. El rendimiento no puede pasar de 70 litros de vino por cada 100 kilos de uva vendimiada, y la producción máxima autorizada para el albariño es de 12.000 kilos por hectárea, equivalentes a 84 hectolitros. El grado mínimo exigido es de 11,30 % vol., aunque la variedad pasa sin esfuerzo de 13 % vol. en los años buenos manteniendo, dice el propio pliego, una riqueza en ácidos que muy pocas uvas del mundo consiguen al mismo tiempo. Muchas bodegas dejan el vino unos meses sobre sus lías finas en depósito de acero antes de embotellar; cuando lo que hay detrás es madera, el vino se comercializa como «Rías Baixas barrica» y ya es otro animal.

En la copa es amarillo pajizo, a veces con reflejos verdosos o dorados, limpio y brillante. La nariz tiene intensidad media-alta y se mueve en tres registros —cítricos, flores blancas y fruta— con la manzana por delante; en los vinos que han trabajado sobre lías aparecen además fruta de hueso y una sensación salina que las fichas de las propias bodegas del Salnés repiten una y otra vez. En boca hay acidez, pero no agresiva: lo que distingue a un buen albariño de un blanco simplemente fresco es el equilibrio y una untuosidad media que le da cuerpo. El posgusto vuelve a lo floral y lo frutal.

Quien lo pruebe esperando un blanco liviano se va a encontrar con más vino del que pensaba, y por eso aguanta comida de verdad y no solo el aperitivo. Por debajo de los 15 euros la oferta es amplia: en comercio español se encuentran albariños de bodegas conocidas entre 10 y 14 euros, y la diferencia con una botella de 25 casi nunca está en la fruta, sino en la textura y en lo que dura. Si hay ocasión de beberlo en su casa, la Festa do Albariño de Cambados ocupa la semana que termina el primer domingo de agosto.