
Ficha de cata
Intensidad
- Zona / región
- Múnich, Baviera
- Estilo
- Lager
- Productor
- Augustiner-Bräu München
- Estilo
- Munich helles (BJCP 4A), estilo del que figura como ejemplo
- Graduación
- 5,2 % vol.
- Ingredientes
- Agua, malta de cebada y lúpulo
- Amargor
- El fabricante no lo publica. La horquilla del estilo son 16-22 IBU
- Fermentación
- Baja
- Vaso
- Vaso Augustiner de medio litro
- Temperatura de servicio
- Entre 6 y 8 °C, según fichas de distribuidores; el fabricante no la publica
- No confundir
- El Edelstoff es otra cerveza de la casa, de 5,6 % vol. y con su propio vaso
- Formato
- Botella de 50 cl
- Precio en España
- 2,48-2,50 € la botella de 50 cl (consultado en octubre de 2026)
- Dónde encontrarla
- Tiendas especializadas online: Cervezas Diferentes, Labirratorium y Mercabeer, esta última por caja de 20. No verificada en gran distribución
- Cervecería
- De origen agustino, con primera mención documentada en 1328; en la Landsberger Straße desde 1885
Notas de cata
Vista
Dorado pálido y brillante, con una espuma blanca y fina.
Aroma
Limpio, que la propia cervecería compara con el de una bodega fresca, con un lúpulo floral suave apoyado sobre la malta.
Boca
Malta sin dulzor, con sabor a pan y grano limpio, cuerpo ligero y carbonatación media. Amargor suave de fondo que cierra el trago y pide el siguiente.
Marida con
Es la cerveza más versátil de esta selección justamente por no imponer nada, y en Múnich acompaña la comida de cervecería sin discutirle el protagonismo. Una salchicha a la plancha con mostaza dulce y un pretzel es el maridaje de libro, pero el ejercicio interesante es sacarla de Baviera: con una tortilla de patatas jugosa, con unas croquetas o con un bocadillo de calamares aguanta igual de bien, porque el amargor limpio corta la grasa y el grano no se pelea con nada. Donde se queda corta es frente a un plato muy especiado: ahí desaparece sin más.
Tres ingredientes, cinco grados y nada donde esconderse. La lager clara de la cervecería más antigua de Múnich es la cata más difícil de esta selección, precisamente porque no lleva artificio.
Una buena helles es más difícil de elaborar que casi cualquier IPA, y casi nadie la cata. La razón es la misma en los dos casos: aquí no hay nada detrás de lo que esconderse. Agua, malta de cebada y lúpulo, una fermentación baja y limpia, cinco grados y dos décimas, y ni un solo elemento llamativo que tape un defecto. Si el agua no es la adecuada, si la malta no está fina o si la fermentación deja un rastro, se nota en el primer trago.
Augustiner lleva haciéndolo mucho tiempo. La cervecería arranca de los monjes agustinos y su primera mención documentada se remonta a 1328; pasó a manos del Estado en 1803, la compró la familia Wagner en 1829 y en 1885 se trasladó a la Landsberger Straße, donde sigue. La propia casa le da importancia a sus barriles de madera, que son parte de su imagen en Múnich.
Un aviso antes de comprarla, porque es un error frecuente: el Lagerbier Hell y el Edelstoff no son la misma cerveza. El Edelstoff es más fuerte, de 5,6 % vol., y tiene su propio vaso. Esta cata es del Lagerbier Hell, que es el día a día de la cervecería y el que se bebe en Múnich sin pensar.
La descripción de la casa es sobria y da bastantes pistas: un aroma limpio que comparan con el de una bodega fresca, un lúpulo floral suave que se apoya en la malta sin pelearse con ella, y un cuerpo ligero y equilibrado con un amargor suave de fondo. En el vaso es de un dorado pálido y brillante, con una espuma blanca y fina.
En boca es donde se entiende el estilo. Hay malta, pero no dulzor: lo que aparece es un sabor a pan y a grano limpio, con una carbonatación media que la mantiene fresca y un amargor que está ahí solo para cerrar el trago y pedir el siguiente. No hay fruta, no hay tostado, no hay especias. Hay cerveza.
Esa falta de artificio es su virtud y también lo que la hace difícil de vender a quien busca sensaciones fuertes. Para catarla de verdad, el truco es olvidarse de buscar descriptores exóticos y fijarse en otras tres cosas: si el grano sabe limpio, si el amargor se va sin dejar rastro metálico y si al terminar el vaso apetece otro. Si las tres respuestas son sí, la cerveza está bien hecha. El vaso de medio litro de la casa es el sitio donde comprobarlo.
