Cardenal Mendoza: quince años de solera jerezana
Por Juan Antonio

Ficha de cata
Intensidad
- Zona / región
- Jerez de la Frontera, Cádiz
- Estilo
- Brandy y coñac
- Productor
- Bodegas Sánchez Romate Hermanos S.L.
- Materia prima
- Holandas de uva Airén y Palomino Fino
- Destilación
- Alquitaras de cobre (pot still de doble destilación a baja graduación)
- Envejecimiento
- Sistema solera con 8 criaderas; media de 15 años de crianza
- Tipo de barrica
- Roble americano envinado con oloroso y Pedro Ximénez
- Denominación de origen
- Brandy de Jerez Solera Gran Reserva
- Graduación
- 40 % vol.
- Temperatura de servicio
- 16–18 °C, en copa balón, sin hielo
- Precio orientativo en España
- 28–35 € / 70 cl
- Disponibilidad en España
- El Corte Inglés, Eroski, tiendas especializadas
Notas de cata
Vista
Caoba profundo con reflejos granate; brillante y denso.
Aroma
Uva pasa, higos secos, ciruela pasa, café tostado y azúcar moreno; chocolate y madera vieja con reposo.
Boca
Elegante y redondo; caramelo oscuro, cacao, nueces y madera tostada; el PX aporta un dulzor de frutos negros en el fondo.
Marida con
El Romeo y Julieta Churchill dura noventa minutos y necesita un acompañante a su altura. Su cedro aromático y su crema sedosa son el complemento natural de las notas de fruta seca y café del Cardenal Mendoza. El PX del brandy —higo y ciruela— intensifica la suavidad del cigarro; el cigarro articula y acentúa la madera tostada del destilado. Copa balón generosa, temperatura de bodega, sin hielo. Si la sesión admite algo sólido, unos dátiles rellenos de almendra encajan sin interferir.
El más célebre brandy de Jerez lleva en cada botella quince años de media en solera, bota de oloroso y Pedro Ximénez. Un destilado que huele a Jerez desde el primer momento y que tiene poco que ver con lo que se llama brandy en el resto del mundo.
Pocos destilados españoles tienen la historia y el carácter del Cardenal Mendoza. La bodega Sánchez Romate, fundada en 1781 en Jerez de la Frontera, registró esta marca en 1887 en honor al cardenal Pedro González de Mendoza, y desde entonces el brandy lleva su nombre con la naturalidad de algo que no necesita demostrar nada.
El Brandy de Jerez es una denominación con sus propias reglas. Las holandas —el destilado base— se producen fuera de Jerez, habitualmente en Castilla-La Mancha a partir de uvas Airén y Palomino, y viajan a Jerez para criarse en soleras. En el caso del Cardenal Mendoza, la destilación en alquitaras de cobre —pot stills tradicionales de baja graduación que trabajan con holandas de escasos grados— conserva los ésteres aromáticos que una columna industrial eliminaría. Ocho criaderas y una solera con media de quince años de crianza en botas de roble americano envinadas con oloroso y Pedro Ximénez de la propia bodega construyen un destilado que huele a Jerez desde el primer momento.
Caoba profundo con reflejos granate en la copa. La nariz es un catálogo de fruta pasificada —uva pasa, higo, ciruela— sobre café tostado y azúcar moreno. Con reposo aparece chocolate y madera vieja. En boca, la redondez es notable: caramelo oscuro, cacao, nueces y esa nota de PX que en los brandies jerezanos bien elaborados actúa como fondo dulce-salado que articula el conjunto. El final es cálido y largo, con especias y retronasal de café.
Para quien conoce el coñac pero no ha probado el Brandy de Jerez: son destilados de filosofías distintas. Aquí no hay Limousin ni Champagne; hay bota, oloroso y el tiempo particular que impone Andalucía. El resultado es más oscuro, más denso y más afrutado que cualquier cognac a precio comparable.
