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Dougall's 942: la pale ale de Liérganes

Por Juan Antonio

Dougall's 942: la pale ale de Liérganes

Ficha de cata

Intensidad

Media
Zona / región
Liérganes, Cantabria
Estilo
Ale
Productor
DouGall's
Estilo
American pale ale (BJCP 18B), por debajo de la graduación mínima del estilo
Graduación
4,2 % vol.
Sin gluten
Sí
Lúpulos
Cascade y Simcoe
Maltas
Maris Otter, Cara Gold y trigo torrefacto, según fichas de tienda; el fabricante no las detalla
Amargor
El fabricante no lo publica. Las fichas de tienda dan entre 49 y 55 IBU, y discrepan entre sí
Fermentación
Alta, con levadura ale
Formato
Botella de 33 cl y lata, esta última desde enero de 2025
Precio en España
1,99-2,60 € la botella de 33 cl (consultado en octubre de 2026)
Dónde encontrarla
Tienda propia en dougalls.es a 2,51 €, con envío gratuito a la Península desde 60 €. También en Wine Palace, Koracoco y Cervezone, entre unas cuarenta tiendas
Cervecería
En Liérganes desde 2006; la 942 se lanzó en 2012

Notas de cata

Vista

Dorada y ligeramente turbia, con reflejos anaranjados y una espuma cremosa de burbuja fina.

Aroma

Cítricos y fruta tropical del lúpulo americano: pomelo del Cascade, mango y melocotón del Simcoe, sobre una base discreta de pan y galleta.

Boca

Entrada agridulce de lima y pomelo, amargor moderado y cuerpo medio-ligero. Final limpio y medio seco, con un leve picante que invita al siguiente trago.

Marida con

La fritura es terreno de cerveza y esta lo aprovecha mejor que casi ninguna de su tamaño. Unas rabas recién sacadas de la sartén, con su limón, piden exactamente estos cuatro grados: el amargor limpia el rebozado y los cítricos del Cascade se suman al limón sin taparlo. Con unas croquetas de jamón o con un queso de Cantabria algo curado el juego es el mismo. Lo que no conviene es ponerla al lado de un cocido montañés en pleno invierno, porque el plato tiene demasiado peso y se la lleva por delante: ahí pide una cerveza bastante más oscura.

Cuatro grados y dos décimas de lúpulo americano elaborados en un valle cántabro: la cerveza que lleva desde 2012 demostrando que una artesana no necesita ser fuerte para tener carácter.

La historia de esta cerveza empieza lejos de Cantabria. Andrew Dougall se puso a elaborar en casa en Richmond, en Inglaterra, en 1972; se instaló en Cantabria en 1997 y, según cuenta la propia cervecería, al no encontrar aquí la cerveza que le gustaba acabó haciendo sus propias recetas. En 2006 montó la fábrica en Liérganes con un equipo de segunda mano traído de Gales, de cuatrocientos litros, y empezó con tres cervezas: una rubia, una tostada y una negra. La 942 llegó después, en 2012, y la casa la llama sin rodeos la niña bonita de la fábrica.

El nombre es de los que invitan a especular. La cervecería no lo explica en su web, aunque su propio teléfono empieza por esas cifras; la lectura que circula, recogida en algún blog cervecero, es que 942 es el prefijo telefónico de Cantabria. Tómalo así, como una lectura razonable y no como un dato oficial.

Lo interesante desde el punto de vista técnico es su contención. La cervecería la define como american pale ale y la deja en 4,2 % vol., por debajo de la horquilla que el BJCP marca para el estilo, que arranca en 4,5 %. Eso la convierte en una cerveza de sesión con el equipamiento aromático de una pale ale: lleva lúpulos americanos, Cascade y Simcoe según la propia casa, y las fichas de tienda le atribuyen un cuerpo construido con malta Maris Otter, Cara Gold y trigo torrefacto. Es, además, sin gluten, y desde enero de 2025 se envasa también en lata.

Visualmente es dorada y ligeramente turbia, con reflejos anaranjados y una espuma cremosa de burbuja fina. En nariz manda el lúpulo americano, y los dos que lleva se reparten el trabajo de forma bastante reconocible: el pomelo y la corteza de cítrico vienen del Cascade, el mango y el melocotón del Simcoe. Debajo hay una base discreta de pan y galleta que no estorba.

En boca entra agridulce, con lima y pomelo bastante marcados, un amargor moderado y un cuerpo medio-ligero. El final es limpio, medio seco, con un leve picante que es precisamente lo que pide el siguiente trago.

Es una cerveza fácil de recomendar a quien viene del vino y desconfía de la artesana porque la asocia a cervezas pesadas y de mucho alcohol: aquí hay aroma de sobra y apenas cuatro grados. Lo que sí conviene es beberla fresca, porque todo lo que tiene de interesante está en el lúpulo, y el lúpulo no espera.