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Cócteles· Clásicos

El Presidente: el cóctel más cubano que existe

Por Juan Antonio

El Presidente: el cóctel más cubano que existe

Ficha de cata

Intensidad

Media
Zona / región
La Habana, Cuba
Estilo
Clásicos
Receta base
45 ml de ron añejo, 22,5 ml de vermut blanc (Dolin Blanc), 7,5 ml de curaçao seco de naranja, 2,5-5 ml de granadina de calidad
Preparación
Removido en vaso mezclador con hielo. Colar en copa coupe fría
Vaso
Copa coupe o coctelera fría, sin hielo
Decoración
Corteza de naranja expresada y cereza de guarnición
Graduación aproximada
25-28% vol.
Primera documentación
Manual del Cantinero, La Habana, 1924

Notas de cata

Vista

Ámbar dorado con un destello rosado de la granadina. Copa coupe fría, limpia.

Aroma

Vermut blanc floral y meloso en primer plano. Ron añejo con fruta madura y caña. Naranja confitada del curaçao. Conjunto delicado y aromático.

Boca

Sedoso y espirituoso. Dulzor moderado equilibrado por la acidez herbácea del blanc vermouth. Final seco con notas de naranja y fruta madura.

Marida con

El Cohiba Siglo II, en formato corona de cuarenta minutos, tiene cedro, cuero suave, cacao ligero y especias discretas: es el Cohiba de perfil más accesible dentro de la gama Siglo. El ron añejo del Presidente comparte ADN cubano con el habano —misma tierra, misma caña de azúcar— y sus notas de fruta madura amplifican el dulzor natural del tabaco sin taparlo. El vermut blanc herbal actúa como puente sin competir con el puro. La granadina y el curaçao añaden profundidad frutal que acompaña los matices más suaves del Siglo II. Es la combinación más cubana del repertorio.

Ron añejo, vermut blanc, curaçao y un punto de granadina. El Presidente nació en La Habana en los años veinte y nunca ha necesitado salir de la isla para demostrar que es uno de los mejores cócteles del mundo.

El Presidente aparece por primera vez documentado en el Manual del Cantinero, publicado en La Habana en 1924 por León Pujol y Oscar Muñiz. La receta original describe partes iguales de ron Bacardí y vermut blanc de Chambéry, con un «poquito» de granadina o curaçao, una cereza y corteza de naranja. El año de publicación fija la fecha de impresión, pero los indicios históricos sugieren que el cóctel existía desde 1910 o 1915.

Sobre quién lo creó y para qué presidente, las fuentes discrepan. Una versión lo vincula al presidente Mario García Menocal, en el cargo entre 1913 y 1921. La que más ha circulado, defendida por David Wondrich entre otros investigadores, atribuye la creación al bartender americano Eddie Woelke, que llegó a La Habana hacia 1919 y trabajó en el Hotel Sevilla Biltmore. Lo que no cuadra es que Wondrich lo vincula al presidente Gerardo Machado —en el cargo desde 1925— y el Manual se publicó en 1924. Las discrepancias cronológicas son parte del cóctel desde el principio.

Lo que sí se puede rastrear es la corrección que Wondrich hizo pública en 2012: el vermut del Presidente no es el dry francés que se usó en muchas barras americanas tras la Ley Seca, sino el vermut blanc de Chambéry —hoy representado principalmente por el Dolin Blanc—, más floral y meloso, que cambia completamente el carácter del cóctel. El uso erróneo del dry vermouth fue lo que desvirtuó la receta durante décadas fuera de Cuba.

Se prepara removido, como el Manhattan, no agitado. Ron añejo en el centro —cuarenta y cinco mililitros—, veintidós y medio de Dolin Blanc, siete y medio de curaçao seco de naranja y un punto de granadina de calidad hecha de zumo de granada real. Se expresa la corteza de naranja sobre la copa y se añade una cereza como guarnición.

El color es ámbar dorado con un destello rosado que viene de la granadina. En nariz, el vermut blanc domina con sus notas florales y melosas; el ron añejo aporta fruta madura, caña y un fondo especiado; el curaçao suma naranja confitada. Es un cóctel que huele a La Habana de los años veinte, si se permite la imagen.

En boca es sedoso y espirituoso, con un dulzor moderado que no empalaga. El vermut blanc añade una acidez herbácea que equilibra el conjunto sin secarlo. La granadina da profundidad frutal en el fondo sin hacerse notar de manera obvia. Los bartenders que lo conocen bien lo llaman «el Manhattan del ron», y la descripción es exacta: misma estructura, otra geografía.