Manhattan: rye, vermut y una guinda al marrasquino
Por Juan Antonio

Ficha de cata
Intensidad
- Zona / región
- Nueva York, Estados Unidos
- Estilo
- De sobremesa
- Receta IBA
- 50 ml de rye whiskey, 20 ml de vermut rojo dulce, 1 dash de Angostura bitters
- Preparación
- Removido en vaso mezclador con hielo. Colar en copa coctelera fría
- Vaso
- Copa coctelera o coupe, fría, sin hielo
- Decoración
- Guinda al marrasquino. Alternativa: corteza de limón
- Graduación aproximada
- 25-32% vol.
- Categoría IBA
- The Unforgettables
Notas de cata
Vista
Ámbar rubí profundo, transparente. La guinda al fondo añade un destello oscuro.
Aroma
Rye especiado con pimienta en primer plano. Dulzor vinoso del vermut con hierbas y regaliz. Gentiana y clavo de la Angostura.
Boca
Espirituoso y firme. El rye llega con fuerza, el vermut lo redondea. Final largo de madera, especias y retrogusto herbal seco.
Marida con
El Cohiba Robustos —50 ring gauge, cuarenta y cinco minutos de fumada— tiene perfil de roble, almendra, vainilla y un toque cremoso que lo distingue de los habanos más agresivos. El rye del Manhattan entra con especiería y tanino justo donde el habano tiene madera y nuez, y los dos se refuerzan sin pelearse. El vermut dulce modera el filo del rye y refleja las notas de vainilla del Cohiba. La Angostura forma el puente herbal que une los dos mundos. Un cóctel con estructura para un habano con carácter.
La elegancia en una copa de coctelera: rye whiskey, vermut dulce y un toque de Angostura. El cóctel que define la sobremesa americana y aguanta un habano de cuerpo sin pestañear.
El origen del Manhattan lleva décadas resistiendo la investigación. La historia más repetida lo sitúa en el Manhattan Club de Nueva York hacia 1874, en un banquete organizado por Jennie Jerome en honor a Samuel Tilden; los historiadores la han descartado casi por unanimidad porque Jennie Jerome estaba ese año en Europa y embarazada. Una versión más sobria, que David Wondrich y otros investigadores dan por más plausible, atribuye el cóctel a un bartender llamado Black en un bar de Broadway en los años sesenta del siglo XIX, aunque tampoco hay documentación directa que lo pruebe.
Lo que sí existe son cuatro libros de coctelería de 1884 que publican la receta más o menos simultáneamente, y eso ya dice algo: hacia 1884 el Manhattan era un cóctel lo suficientemente conocido como para que cuatro autores distintos lo incluyeran sin necesidad de explicar de dónde venía. Las versiones de la época usaban partes iguales de vermut y whisky, lo que lo hacía más dulce y vinoso que el perfil actual.
La receta IBA —50 ml de rye, 20 ml de vermut dulce, un dash de Angostura— se inclina claramente del lado del whisky. El rye fue la base original y sigue siendo la más expresiva: más seco, más especiado, con pimienta y notas de centeno que el bourbon no tiene. El vermut dulce —un Carpano Antica, un Punt e Mes o un Martini Rosso bien conservado— aporta dulzor vinoso, hierbas y un poco de regaliz que redondean el filo del rye. Se prepara removido en vaso mezclador, no agitado: agitar incorpora más agua y cambia la textura, haciéndolo más turbio y menos nítido; removido tiene más cuerpo, más claridad aromática y esa sensación sedosa en la boca que lo define.
El color es ámbar rubí profundo por el vermut. En nariz, el rye abre con pimienta y especias secas, el vermut aporta dulzor vinoso con notas de hierbas y un fondo de regaliz, y la Angostura suma gentiana y clavo. La guinda al marrasquino que flota en el fondo no es decorativa: impregna el último trago con un dulzor de cereza que cambia el final.
En boca es espirituoso y firme. La estructura tánica del rye llega con fuerza en el primer impacto, el vermut la suaviza, y el dulzor herbal de la Angostura aparece en el retrogusto. El final es largo, de madera, especias y ese último eco del vermut. Para alguien que pruebe el Manhattan después de años de gin-tonic, la sensación más inmediata es la de un cóctel que no necesita el limón para existir.
