Saltar al contenido principal
Epicureos
Catas Gourmet
Cócteles· De sobremesa

Old Fashioned: la definición original del cóctel

Por Juan Antonio

Old Fashioned: la definición original del cóctel

Ficha de cata

Intensidad

Intensa
Zona / región
Estados Unidos
Estilo
De sobremesa
Receta IBA
45 ml de bourbon o rye whiskey, 1 terrón de azúcar, 2-3 dashes de Angostura bitters, unas gotas de agua
Preparación
Construido en el vaso. Machacar el azúcar con los bitters y el agua, añadir el whisky, remover con hielo
Vaso
Old fashioned o rocks glass, con hielo
Decoración
Corteza de naranja expresada sobre la superficie
Graduación aproximada
30-36% vol.
Categoría IBA
The Unforgettables

Notas de cata

Vista

Ámbar dorado con reflejos cobre, limpísimo. La piel de naranja deja aceites en la superficie que brillan con la luz.

Aroma

Vainilla y caramelo de roble en primer plano, con notas de clavo y gentiana de la Angostura. La naranja expresada añade un toque cítrico que alegra el conjunto.

Boca

Espirituoso y seco, con dulzor moderado que equilibra el amargor herbal. Final cálido y largo, de especias y roble. La dilución progresiva del hielo lo hace evolucionar en el vaso.

Marida con

El Montecristo No. 4 —el Mareva, la vitola de treinta minutos por excelencia— tiene perfil de tierra, madera suave, cacao y especias ligeras: ni agresivo ni suave, exactamente en el centro. El bourbon del Old Fashioned comparte con él esa misma zona de dulzor de roble y caramelo. Los bitters de Angostura forman un puente aromático con la especiería del habano, y la naranja expresada refresca entre calada y calada sin tapar nada. Es la combinación para quien no quiere elegir entre el vaso y el puro: los dos se escuchan.

Un terrón de azúcar, unos toques de bitters, un buen bourbon y hielo. En 1806 alguien definió así el cóctel, y dos siglos después sigue siendo la mejor respuesta a la pregunta de qué pedir cuando no se quiere pensar.

La primera definición de cóctel que se conoce apareció el 13 de mayo de 1806 en el periódico The Balance and Columbian Repository de Hudson, Nueva York: «a stimulating liquor, composed of spirits of any kind, sugar, water and bitters». No había más. Lo que hoy llamamos Old Fashioned no es un cóctel que alguien inventó; es esa fórmula de 1806 con nombre propio desde finales del siglo XIX, cuando los clientes empezaron a pedir que se la pusieran «a la vieja usanza», sin la naranja en rodajas y las guindas en almíbar que algunos bartenders habían empezado a añadir.

La primera receta impresa con el nombre de Old Fashioned Whiskey Cocktail aparece en Modern American Drinks de George Kappeler, en 1895. Por entonces ya estaba claro que la base era whisky americano —bourbon, sobre todo—, un terrón de azúcar, bitters de Angostura y unas gotas de agua. La historia del Pendennis Club de Louisville que atribuye la invención a un bartender llamado James Pepper circula mucho, pero los historiadores de la coctelería la descartan: las referencias periodísticas al cóctel preceden a la fundación del propio club, como documentó David Wondrich.

Se construye directamente en el vaso, sobre el hielo: el terrón de azúcar se deshace en los bitters con unas gotas de agua, se añade el bourbon o el rye y se remueve hasta que enfría y se diluye lo justo. El bourbon aporta vainilla y caramelo de roble; el rye, pimienta y especias más secas. La corteza de naranja se expresa sobre la superficie al final para liberar los aceites esenciales; no se tira dentro del vaso salvo que se quiera una nota cítrica más persistente.

En copa tiene color ámbar dorado con reflejos cobre. En nariz, el bourbon marca el primer momento: vainilla, caramelo, un fondo de maíz dulce acumulado en barrica. Los bitters de Angostura aportan gentiana, clavo y canela, que dan estructura aromática y evitan que el conjunto sea solo whisky con azúcar. La piel de naranja suma aceites cítricos que aligeran la capa superior.

En boca es espirituoso desde la primera impresión, sin disculpas. El dulzor es moderado —el azúcar no endulza, equilibra—, el amargor herbal de la Angostura atraviesa el centro del trago, y el final es cálido, largo, de roble y especias. La dilución del hielo al largo de la bebida es parte del diseño: el cóctel no sabe igual al primer sorbo que al último, y eso, con una copa en la mano y un puro entre los dedos, es exactamente lo que se quiere.