Pralus São Tomé 75 %: uva, cereza y ceniza volcánica de una isla del golfo de Guinea
Por Juan Antonio

Ficha de cata
Intensidad
- Zona / región
- Santo Tomé y Príncipe
- Estilo
- Origen único
- Productor
- Pralus
- Cacao
- 75 % mínimo
- Origen
- Santo Tomé y Príncipe; sin plantación declarada
- Variedad
- Las fuentes discrepan: forastero según el fabricante, trinitario-forastero según una tienda, amelonado según una cata especializada
- Ingredientes
- Cacao (75 % mínimo), azúcar, manteca de cacao, emulgente (lecitina de girasol); fichas anteriores declaraban lecitina de soja
- Peso
- 100 g
- Tueste
- Corto, de tipo espresso, según la cata especializada que le atribuye el haber domado los taninos de la isla
- Precio aproximado
- 5,90 € en Edelices y 8,65 € en Club del Chocolate (octubre de 2026)
- Dónde se consigue
- Edelices, Club del Chocolate y tiendas de chocolate de autor
- Temperatura de servicio
- 18-20 °C; en frío la astringencia se agrava
- Conservación
- En seco, lejos de olores fuertes
Notas de cata
Vista
Marrón oscuro con reflejo rojizo, muy pulido, y un chasquido que deja el borde algo desmigado.
Aroma
Frutal y de helechos, con acidez y un fondo de maderas blandas.
Boca
Arranca en uva caramelo y madera seca, con un amargor a mitad de recorrido y vuelta a la uva y la cereza; final astringente con moca.
Marida con
La uva, la cereza y el final de moca de esta tableta piden un puro de fortaleza contenida: el Hoyo de Monterrey Epicure No. 2, un robusto suave a medio de cuarenta y cinco minutos, deja que la fruta se oiga en lugar de pasarle por encima; con un Partagás el chocolate se quedaría en astringencia y nada más. En la copa, un armañac —un Delord VSOP vale— aporta la ciruela y la madera vieja que recogen la uva caramelo y la cereza del São Tomé. Lo que no conviene es un licor dulce: sobre azúcar, la astringencia de esta tableta se dispara y la boca se queda seca. Dos onzas a temperatura de habitación, antes del puro, y el café para el final.
Cien gramos de cacao insular tostado corto, con fruta roja por delante y una astringencia final que lo vuelve más interesante de lo que suele admitirse. Las fuentes no se ponen de acuerdo ni en la variedad.
François Pralus elabora en Roanne una de las colecciones de orígenes más largas que se encuentran en Europa, y la de Santo Tomé y Príncipe es la que mejor explica de qué se habla cuando se dice «cacao de isla». La casa cuenta que los árboles llegaron a África por barco y que estas islas conservaron la cepa pura; no declara plantación, así que el origen se queda en el archipiélago.
La variedad es un buen ejemplo de por qué conviene desconfiar de las etiquetas. El propio fabricante dice forastero; una tienda española la ficha como trinitario-forastero; y un catador especializado sostiene que es amelonado. Tres respuestas distintas para la misma tableta, lo que significa que no hay un dato que dar, sino una discusión que contar.
Los ingredientes son cuatro: cacao, azúcar, manteca de cacao y lecitina de girasol. Las fichas de algunas tiendas todavía hablan de lecitina de soja no modificada, que corresponde a la fórmula anterior, así que una tableta vieja en el estante puede llevar soja. Ni vainilla ni aromas.
Del sabor hay dos lecturas y las dos se han podido leer completas. Una cata especializada que le da 87,5 puntos sobre 100 describe una tableta muy pulida, de brillo rojizo y chasquido con el borde algo desmigado, con aroma frutal y de helechos sobre acidez y maderas blandas, y una boca que arranca en «uva caramelo» y pasa por madera seca, un amargor a mitad de recorrido, uva y cereza, y un final astringente con moca; atribuye al tueste corto, de tipo espresso, el mérito de haber domado los taninos de la isla. Otra reseña, de 2013, lo resume de forma más amable: brillo, chasquido limpio, sabor profundo e intenso pero no amargo, muy cremoso y con un dulzor afrutado que llega hasta el final.
Entre las dos lecturas está el carácter real: fruta roja clara, madera, y una astringencia que aparece al final y que no es un defecto sino parte del origen. Lo que la casa dice de su propio producto —nariz fresca, afrutada, especiada y ácida, con final largo— apunta en la misma dirección, aunque su texto se repite casi literal en varias tiendas, de modo que no cuenta como segunda opinión.
Se presenta en tableta de cien gramos, que es más de lo habitual en esta gama y da para una cata con compañía. Es importante no servirla fría: la astringencia se agrava con el frío y la fruta se esconde. A temperatura de habitación, en cambio, la uva y la cereza llegan antes que la madera.
