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Epicureos
Catas Gourmet
Comidas· Plato principal

Rabo de toro estofado cordobés

Por Juan Antonio

Rabo de toro estofado cordobés

Ficha de cata

Intensidad

Muy intensa
Zona / región
Córdoba, Andalucía
Estilo
Plato principal
Ingrediente principal
Cola de toro o ternera, vino (Montilla-Moriles o tinto con cuerpo), verduras aromáticas
Elaboración
Estofado lento 2-3 horas, con sofrito, vino, caldo y especias (clavo, laurel, tomillo)
Protección DOP/IGP
Ninguna
Temporada
Otoño e invierno; también en feria de mayo en Córdoba
Región
Córdoba; también extendido por toda Andalucía

Notas de cata

Vista

Carne oscura, casi negra en la superficie, que se deshace sobre los huesos. La salsa brilla y tiene la consistencia del colágeno disuelto.

Aroma

Guiso largo: vino reducido, laurel, clavo, cebolla pochada. Un fondo casi dulce que viene de horas de cocción.

Boca

Muy intenso y gelatinoso, con la carne que se separa sola. La salsa tiene un retrogusto levemente dulce y especiado que pide vino con estructura.

Marida con

Un oloroso seco o amontillado de Montilla-Moriles, la denominación de la propia Córdoba, tiene la estructura para ir con la salsa oscura del rabo sin rendirse. Un Priorat de Garnacha también aguanta el guiso. Para cerrar, espresso solo y brandy de Jerez Solera Gran Reserva. El habano, algo con personalidad: un Partagás Serie D No.4 con el brandy en copa ancha. Un cuadrado de chocolate negro de 85% al lado del brandy no desentona.

El estofado de cola de toro es la especialidad más cordobesa de todas: guiso largo, salsa oscura, carne que se deshace, y el brandy de Jerez esperando al final.

El rabo de toro tiene historia en Córdoba antes de convertirse en un guiso de taberna. La tradición lo liga a las corridas: tras la lidia, el rabo del toro bravo pasaba a la cocina de los restaurantes del centro, que hacían con él uno de los estofados más contundentes de la cocina andaluza. Hoy se prepara habitualmente con cola de ternera o vaca, que tiene la misma textura de colágeno, y se sirve en temporada de feria y durante todo el otoño e invierno.

El proceso es el de un guiso largo y sin atajos. Se dora la cola en aceite de oliva a fuego alto, en trozos articulados, hasta que la superficie carameliza y el fondo de la cazuela tiene color. Luego entra la base aromática —cebolla, zanahoria, ajo, pimiento— y se deja pochar despacio. El vino es el siguiente paso: generalmente un Montilla-Moriles o un tinto con cuerpo, que levanta los fondos de cocción y forma la base de la salsa. Después entran el tomate, el caldo, los clavos, el laurel y el tomillo, y el guiso se tapa y se olvida durante dos o tres horas, hasta que la carne se separa del hueso con un golpe suave del tenedor.

El resultado es un estofado oscuro y espeso, con una salsa que brilla por el colágeno disuelto y tiene un fondo ligeramente dulce que viene del vino y de la reducción lenta. La carne es gelatinosa, de las que se deshacen, con ese sabor a guiso largo que no tiene atajos. Se sirve con patatas fritas o con puré, y con el jugo oscuro por encima.

En Córdoba hay tabernas que llevan décadas sirviéndolo con las mismas patatas y la misma fórmula. La feria de mayo y el otoño son los momentos de mayor presencia en las cartas.

Para beber, un oloroso seco o amontillado de Montilla-Moriles —la denominación de la propia Córdoba— tiene la acidez y la estructura para ir con la salsa sin doblegarse ante ella. Si el vino que ha entrado en el guiso es de ahí, beberlo también tiene toda la lógica. Un Priorat de Garnacha aguanta igualmente: mineralidad y potencia. Un Syrah de Jumilla, con más fruta oscura, es otra opción válida.

Al terminar el guiso, espresso solo. La sobremesa larga, si hay, es para el brandy de Jerez: un Brandy de Jerez Solera Gran Reserva, con la crianza en criaderas y soleras que le da esa profundidad tostada y seca. Si se enciende un habano, este es el momento para algo con personalidad: un Partagás Serie D No.4, un robusto de fumada de cuarenta y cinco minutos, que aguanta la potencia del brandy y del estofado sin desaparecer. Un cuadrado de chocolate negro de 85% al lado del brandy cierra bien la noche.